Los “listos” son nuestros enemigos

Cuantos más días pasan, más cuenta me doy de que hay mucho listo (en el sentido despectivo) en este mundo, el de la traducción y el de ganar dinero en general. Hay listos a secas, “listos” y listos que de tan listos que son, son tontos.

Ejemplo de LISTO:

– Hola Ana, tengo esta traducción muy facilita (todas son facilitas) y voluminosa (sí, voluminosa sí que es, gracias, majo), ¿estás disponible?

– ¡Sí! ^_^

[Ana traduce 12 horas al día durante 5 semanas. Pega un post it en la pantalla con el dinero que le han dicho que le van a pagar para alegrarse la vista de vez en cuando, ya que la pobre no ve la luz del sol. Por fin, envía la traducción y la factura.]

– Oye, que mi jefe dice que eso es mucho dinero. Tenemos que rebajar unos 2000 euros.

– ¿Cómorrrrrrr?

– Eso, y que si no, no contamos más contigo.

[Un sentimiento de WTF?? invade el cuerpo de Ana que, cabreadísima, pasea por su casa pensando a qué puede darle un puñetazo. Ha de ser algo duro para que duela un poco, pero no tanto como para hacerse daño y no poder traducir si le mandasen otra cosa. Se decide por una puerta.]

– Deja que me lo piense. [Ana consulta con sus padres. Su madre le dice que haga la rebaja, que de todos modos ganará mucho dinero y que otro encargo como ese sería maravilloso. Su padre suelta un “que les den por culo, tú pídeles lo que te dijeron, que lo hubiesen pensado antes”.]

– Venga, pues rebaja, pero 1500 que 2000 es demasiado.

– Lo hablaré con mi jefe.

Al final, Ana rebajó 1500. No volvieron a encargarle nada (la empresa cerró, Ana hizo la traducción divinamente y no tuvo culpa, ¿eh?) y desde entonces Ana sigue la filosofía de “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Y se pasa las promesas de “long term projects”, de “long term collaborators” y de “2 years projects” por el arco del triunfo.

Ejemplo de “LISTO”:

Oferta: Buscamos a profesionales que quieran colaborar con nosotros para añadirlos a nuestra base de revisores y enviarles muuuuchos proyectos. Pagamos 0,03 EUR por palabra revisada.

[Ana está de acuerdo. No le parece mucho dinero, pero tampoco cree que sea demasiado poco, así que manda su CV.]

– Hola Ana, tendrás que hacer una prueba de revisión para nosotros, ¿estás de acuerdo?

– Ajá.

– Estupendo. [La señora le manda a Ana una prueba de revisión de 8 páginas (HELLOOOO???)]

[Esta historia es bastante corta porque Ana abre la prueba de revisión, se da cuenta de que la traducción la ha realizado una máquina o un mono que no sabe español, se da cuenta también de que tendría que volver a traducirlo todo de nuevo y tras valorar pros (?) y contras (!) decide disfrutar del fin de semana, esta vez sin endiñar a la pobre puerta.]

Ejemplo de LISTO QUE DE TAN LISTO QUE ES, ES TONTO:

– Hola Manolita, tenemos una traducción de 40.000 palabras ¿te interesa?

– Sí, ¿para cuándo sería?

– Para pasado mañana.

[Manolita va a casa de Ana a quejarse. Ana se pregunta qué clase de persona encarga 40.000 palabras para pasado mañana. Manolita dice que hará lo que le dé tiempo. La empresa acepta. Todos contentos, aunque queda demostrado que hay gente que no vale para encargar traducciones.]

Bueno, como la parte criticona que hay dentro de mí se ha quedado a gusto, os dejo este vídeo de la película “Mejor Imposible” con el que seguro que muchos de los que trabajáis en casa os sentís identificados:

No, gracias.

El otro día me llegó al correo una oferta de trabajo en la que ofrecían revisar un texto a 0,003 USD por palabra (OJO: cero-coma-cero-CERO-tres). Al principio pensé que querían pagarme 3 céntimos, pero luego vi que nanay. ¿Cómo es posible que una persona pretenda que otra pase unas 5 horas revisando por 10 cochinos euros? Sinceramente, prefiero quedarme tirada en el sofá viendo Divinity o mirando un punto fijo en la pared.

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No voy a entrar en el eterno debate de cuánto debe cobrar un profesional por su trabajo porque cada uno es cada uno y sus circunstancias, pero por 10 euros no me parecía bien que mi impresora hiciese el esfuerzo de escupir esos 14 o 15 folios con el consiguiente gasto de tinta, electricidad y desgaste de las yemas de mis dedos.

En fin, puse en Twitter en plan broma que iba a preguntarle al cliente si se le había colado un cero, pero al final se lo pregunté y me quedé bastante a gusto. Y eso es lo que voy a hacer a partir de ahora y es lo que os propongo que hagáis también (siempre que vuestras circunstancias os lo permitan). Muchas veces da pereza contestar a un cliente que ha enviado el mismo correo a tropecientos traductores, pero creo que el esfuerzo merece la pena.

Por supuesto, no hace falta ser maleducado ni borde. Se trata de hacerles saber que te parece ridículo que pretendan pagarte tan poco, que no es lo que sueles cobrar y que por ese dinero solo pueden conseguir algo de pésima calidad.

Esto me ocurrió hace 5 días y todavía no me han contestado (ni creo que lo hagan). Puede que tampoco vuelvan a ofrecerme nada, aunque como dice el refrán “a cliente rata que huye, puente de plata”.

Caso real: vivir con el enemigo

Oh sí, muchos sabréis de qué hablo.

Ese padre que llega a las 9 de la noche y te dice:

-Niña, ¿has visto el correíto que te he mandado?

-Qué va, llevo liada todo el día.

-Nada, es una tontería, una carilla que me tienes que traducir.

-Pero papá, justo iba a salir ahora…

-Bah, ¡pero si solo es una carilla! Eso lo haces tú en un momentito.

-¿Te corre mucha prisa o qué?

-Hombre…si me lo tuvieses listo para mañana sería perfecto.

-Bueeeeno…[carilla con un 90% de texto incomprensible sobre un tema totalmente desconocido]

Y en ese momento en el que tu padre/madre/abuela/tío/primo/amigo del alma te entrega esa cosa que va a tenerte pegado a la silla más de una hora tienes tres opciones:

a) Decir que no y sentirte como el súper villano más cruel del mundo (porque estoy hablando de gente querida, no de “coleguitas” que se acuerdan de ti cuando les conviene) .

b) Decir que sí y sentirte la persona más tonta del mundo por acabar aceptando trabajos no remunerados a horas apestosas de la tarde/noche.

c) Mudarte rápidamente y fingir que no eres autónomo/a sino una persona con horarios fijos que tiene un trabajo de esos a los que hay que IR.

papayyo

Anécdotas traductoriles: la carta de recomendación

Yo creo en la suerte. No en que haya personas con suerte y personas sin ella, sino en la suerte tal cual. Y con esta carta de recomendación no la tuve.

Tras más de un año trabajando para una web de hoteles, lo que me permitió descubrir cosas como que hay piscinas con música subacuática y hoteles nudistas en México, me dijeron que ya no tenían tanto trabajo para mí y que, sintiéndolo mucho, sayonara, baby. A esas alturas de mi corta vida laboral ya me había dado cuenta de que las cartas de recomendación son bastante importantes a la hora de conseguir otro trabajo, sobre todo cuando eres nueva, así que les pedí una.

Me dijeron que sí y me mandaron una carta bastante simpática con clásicos como la calidad, la productividad, la puntualidad, etc. Yo, supercontenta con mi carta, la vuelvo a leer y cuando llego a la firma… ¡¡veo que la señora que la firma se apellida como yo!!

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¿POR QUÉ, SEÑORRRR? ¡¿POR QUÉ?!

Ofú, y es que encima mi apellido es Ayala, que no es que sea muy raro, pero todos los que conozco son de mi familia, salvo Francisco Ayala y un futbolista que también se apellida así (bueno, y gracias a Wikipedia ahora sé que Daddy Yankee también ¬¬).

En fin, que ahora cuando me piden referencias me da apuro darles esa. Y más apuro me da dársela y especificar algo como “oye, que no es de mi familia, ¿eh?”. Mi gozo en un pozo.

Nota:

El mismo día que publiqué la entrada hice caso a uno de los comentarios y escribí a mi “tocaya de apellido”. Al día siguiente, me contestó (resulta que incluso había leído el artículo xD) y me envió otra carta de recomendación nada sospechosa de “enchufista” 😉 ¡Yuju!

Malas noticias:

Puede que no utilices el Trados (ni ningún primo hermano) en la vida y que hagas las traducciones en Excel y Word y que te des cuenta de eso después de gastarte los 700-800-900€ (depende de si están en rebajas, de si ProZ te dice algo o yo qué sé).

Puede que un cuaderno sea más fácil de utilizar que esa App tan cool.

Puede que un Office no pirata funcione mejor que uno que sí.

Puede que engordes 5 kilos en tu primer año de trabajo y que todos se vayan al mismo sitio.

Puede que las empresas grandes tarden MESES en pagarte y que las pequeñas te paguen el mismo día. También puede que rechaces a una pequeña por el prestigio de la grande y luego…ZAS!

zas

Puede que tu project manager pase de tu jeta.

Puede que el cliente te haga unas sugerencias terminológicas como para indignarte e irte a la Puerta del Sol 2 semanas. Puede que tú le comentes que hay mejores opciones y que pase de tu jeta again (o que te explique amablemente que le sale muy caro cambiarlo todo [cosa que comprendo, bro]).

Puede que Hacienda te retenga mucho dinero, tú te enfades, nadie te haga caso y cuestiones el sistema tributario. Hasta que veas las noticias y te sientas mal por haber pensado en cobrar por Western Union y meterlo todo en latas de membrillo en un doble fondo de tu armario.

Puede que te mires al espejo y te digas “Good Lord, ¿hace cuánto que no te peinas?”.

Puede que el Twitter esté muy bien, pero puede que el bar sea mejor.

Puede que un proyecto fácil te haga ganar dinero más rápido, pero puede que te aburras tanto que te plantees si de verdad te gusta la traducción.

Puede que lea este post dentro de 3 años y piense que qué gilipollas estaba en 2012.

Lo peor que le puede pasar a un traductor

Este verano he trabajado como nunca en mi vida, como si no hubiera mañana (como si no hubiera “por la tarde” siquiera). Y claro, de vez en cuando, cuando llevaba unas cuantas horitas traduciendo, se me iba el “coco”. ¡Qué le vamos a hacer! Empecé a pensar en qué pasaría si…y elaboré una pequeña lista de lo peor que le puede pasar a un traductor en época de trabajo. Algunas cosas tienen solución y otras no tanto, como todo en esta vida.

Desastre:

– Ordenador roto. Ausencia de copias de seguridad. Informático de vacaciones. Poco tiempo para el deadline.

– Que el cliente no pague, se intenten tomar medidas contra él, pero salga más caro el juicio en su país que el importe de la traducción (True story). Aquí entran en juego las ganas de guerrear de cada uno, el dinero del que se disponga y el “te vas a enterar”.

– Tener un vecino que esté haciendo obras sobre tu cabeza (= un vecino amante de la música a toda leche/cantante de ópera en sus ratos libres). Hace poco descubrí que algunos humanos utilizan cascos de obra para estudiar; podría aplicarse a este caso, aunque son algo llamativos.

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– Que no dé tiempo a terminar la traducción. Esto sí tiene solución: ser previsor, escribir al cliente con tiempo… pero cuando se está metido en esa situación y uno se da cuenta de que le queda una hora para acabar 5000 palabras… DISASTER!

Alerta roja:

– Faltan pocas horas/minutos para el deadline y el internet nos abandona. Si no tenemos localizados sitios con Wi-Fi o están demasiado lejos…¡imaginación al poder! Por ejemplo, con un “vecino, te doy 5 euros si me dejas utilizar tu internet 1 hora” o cualquier cutrez similar.

– Sufrir de “embotamiento”/agotamiento. Cuando mi cerebro no da más de sí, me duele un poco la cabeza y tardo MUCHO más en traducir suelo practicar la power nap a.k.a. siestecilla (20-30 minutos). Creo que la efectividad de la power nap depende de la persona y de lo cansadísimo que se esté, así que si aún no la habéis probado hacedlo un día que dé un poco igual, no el día del deadline 😉

– Traducir una mala traducción cuando el idioma original es totalmente ¿¿¿¿???? para nosotros. Es fundamental una buena comunicación con el project manager y leerse el texto muy requetebien para “jugar a las adivinanzas” de manera menos arriesgada.

– Romperse la mano/el brazo (o cualquier otra cosa) y tener que hacer dictados a una persona o un programa. No sé por qué pero esto es lo que más miedo me da; nunca me he roto ningún hueso, así que debo de estar a puntito.

Alerta amarilla:

– Quedarse sin comida/tinta de impresora. Para mí, imprimir las traducciones es una parte importante a la hora de “rebisar el testo” así que darme cuenta un sábado por la noche o un domingo de que no tengo tinta no me gusta nada de nada (y por eso suelo comprar los cartuchos a pares).

– Tener que utilizar un programa desconocido y disponer de poco tiempo para aprender. Eso también me ha pasado este verano, tuve que aprender a manejar InDesign para una traducción y la verdad es que me las he apañado bien; al principio iba muuuuuy lenta y estuve al borde del llanto en varias ocasiones, pero luego le cogí el tranquillo y me encantó, me parecía cosa de brujería…cuando me toque la primitiva lo compraré (900 € hellooo??).

– Engancharse a la mejor serie de la historia en época de trabajo. Son cosas que pasan cuando la Ley de Murphy rige tu vida, pero lo primero es lo primero y hay que resistirse al “otro capítulo y me acuesto”.

Preocupaciones sin importancia:

– Las lorzas propias de pasar demasiado tiempo sentado.

– Tener el moreno de Iniesta a pesar de estar en agosto y que cada vez que veas a un conocido/amigo/familiar te pregunte si estás enfermo.

– Cometer una falta de ortografía grave en una actualización de Facebook/Twitter/Blog y cía y tener que escribir un comunicado para pedir disculpas a los amigos.

¿Y vosotros? ¿A qué tenéis miedo?

¡Rebisa el testo!

Durante los últimos 12 meses he tenido que revisar muchas traducciones. El contenido era sencillo (descripciones de hoteles) y creo que ese fue el motivo por el que me encontré con un montón de errores de ortografía, estilo y contenido. Por supuesto, ver un error de vez en cuando no me supone ningún problema porque todos somos humanos, pero tuve que corregir nombres de hoteles mal escritos, construcciones gramaticales inventadas y errores ortográficos como para hacer que a una le sangrasen los ojos.


En esta empresa trabajábamos con Google Translator Toolkit que, claro, la mayoría de las veces que proponía traducciones nuevas eran muy graciosas y como era el único compi con el que tenía contacto, tenía que reírle las gracias. El problema es que a mucha gente las propuestas del GTT no debían parecerle tan disparatadas porque las dejaban tal cual, ¡ale! Que sí, que la frase se podía entender medianamente pero no parecía escrita por un nativo.
Bueno, vale ya de criticar. He escrito este artículo para hablar de la importancia de revisar y de hacer las cosas lo mejor posible. A mí me llevó unas semanas encontrar mi “técnica de revisión” y probablemente cada uno deba encontrar su propio método, pero aquí dejo la receta por si a alguien le sirve:
Ingredientes:
– Microsoft Word o un primo hermano que marque los errores ortográficos
– Folios
– Boli de color vistoso
– Rotulador de otro color
– Té o café (opcional)

● Si te lo puedes permitir deja pasar un tiempo entre la traducción y la revisión.
● Copia el texto en Word y corrige los errores ortográficos si los hay.
● Imprime el texto. Lo de imprimir siempre es un poco polémico porque gastas papel y los árboles mueren, pero sinceramente, creo que así la vista “descansa” un poco y es más difícil que se te pasen cosas por alto. Para ahorrar papel imprime a doble cara y utiliza papel reciclado. Esto no sé si es manía o no, pero creo que se revisa mejor si se cambia el interlineado a 1,5 (para que ocupe menos el texto se pueden poner los márgenes estrechos).
● En este caso particular de traducir descripciones de hoteles encontré muchos sinónimos para el concepto “tiene” (dispone de, cuenta con, está provisto, está equipado con…), pero debía tener cuidado con no poner “dispone de” 3 veces seguidas ¬¬. Para evitar esto, subrayaba los verbos (no tardaba más de 15 segundos por hotel) y los cambiaba estratégicamente para no poner el mismo verbo 2 veces seguidas. (Bueno, esto es una chorrada que depende del tipo de texto y de cada uno, pero yo ahorraba bastante tiempo revisando)
● Leer el texto una vez y marcar los errores y las dudas con el boli vistoso.
● Esperar un rato (o un día si tienes mucho tiempo).
● Leerlo una última vez y corregir los errores en el PC.
Como ya he dicho, la manera de traducir y revisar es algo muy personal y depende en gran medida del tipo de texto que se debe traducir y del tiempo del que se dispone. Eso sí, pa hacer un churro no hagas na.


¡Hasta otra!