Expresiones que no significan nada

Mis yayos tienen una pequeña casa de campo en un pueblo de Sevilla. Al llegar las vacaciones escolares, yayos, padres y nietos íbamos allí a pasar julio, agosto y un trozo de septiembre. El yayo iba a por un carrito de gaseosa y nos dejaba “beber a morro toda la que quisiéramos”, dijesen lo que dijesen nuestras madres. Supongo que esto era lo que inauguraba nuestro verano.

La casa estaba un poco aislada, así que teníamos que divertirnos con lo que había allí: huerto, perros, gatos, árboles, piscina y primos. Hacíamos pócimas con hierbas y barro, perseguíamos a los gatos, nos tirábamos naranjazos, pisábamos el huerto (sin querer), nos pegábamos por el mando de la tele y dábamos por saco hasta que nos dejaban bañarnos en la piscina, ya que ninguno de nosotros creía en el famoso corte de digestión.

Los padres no se enteraban de todo, solo cuando íbamos llorándoles, pero el yayo se enteraba de CADA chandrío. No recuerdo que nos riñera a menudo, solo cuando nos portábamos FATAL y cuando hacíamos bastante daño a otro primo. Entonces nos decía “venid aquí” y pronunciaba una frase que nos acojonaba a todos. No sabíamos qué significaba, pero recuerdo que nos asustaba muchísimo y suponíamos que era lo más doloroso que se le podía hacer a una persona. Esta expresión era: como vuelvas a ____________ te voy a meter el brazo por la manga.

Esa frase era lo peor, pero lo peor. Cuando se alejaba después de pronunciar las palabritas nos quedábamos pensativos un buen rato y días después amenazábamos a los primos más pequeños con chivarnos de lo que fuera para que “les metiesen el brazo por la manga”. Casi siempre lloraban. Vamos es que “saco la correa de becerro” no le llegaba ni al tobillo en la escala del miedo.

Por suerte, esa frase la reservaba para las “grandes ocasiones”, no más de 3 veces por verano 🙂

Vídeo

¡Hora de patear traseros!

El otro día, Scheherezade Surià publicó una entrada muy interesante y divertida sobre los calcos. Casualmente, ayer me puse a ver los últimos capítulos de la serie Malviviendo, que recomiendo a todo aquel que quiera pasar un buen rato, y me encontré con esta escena tan estupendísima. Enjoy!

Es la primera vez que publico un vídeo, así que no sé cómo enlazar las URL:
Serie Malviviendo: http://malviviendo.com/category/seccion-capitulos/
Entrada de Scheherezade: http://enlalunadebabel.com/2013/11/12/calcando-que-es-gerundio/

Los “listos” son nuestros enemigos

Cuantos más días pasan, más cuenta me doy de que hay mucho listo (en el sentido despectivo) en este mundo, el de la traducción y el de ganar dinero en general. Hay listos a secas, “listos” y listos que de tan listos que son, son tontos.

Ejemplo de LISTO:

– Hola Ana, tengo esta traducción muy facilita (todas son facilitas) y voluminosa (sí, voluminosa sí que es, gracias, majo), ¿estás disponible?

– ¡Sí! ^_^

[Ana traduce 12 horas al día durante 5 semanas. Pega un post it en la pantalla con el dinero que le han dicho que le van a pagar para alegrarse la vista de vez en cuando, ya que la pobre no ve la luz del sol. Por fin, envía la traducción y la factura.]

– Oye, que mi jefe dice que eso es mucho dinero. Tenemos que rebajar unos 2000 euros.

– ¿Cómorrrrrrr?

– Eso, y que si no, no contamos más contigo.

[Un sentimiento de WTF?? invade el cuerpo de Ana que, cabreadísima, pasea por su casa pensando a qué puede darle un puñetazo. Ha de ser algo duro para que duela un poco, pero no tanto como para hacerse daño y no poder traducir si le mandasen otra cosa. Se decide por una puerta.]

– Deja que me lo piense. [Ana consulta con sus padres. Su madre le dice que haga la rebaja, que de todos modos ganará mucho dinero y que otro encargo como ese sería maravilloso. Su padre suelta un “que les den por culo, tú pídeles lo que te dijeron, que lo hubiesen pensado antes”.]

– Venga, pues rebaja, pero 1500 que 2000 es demasiado.

– Lo hablaré con mi jefe.

Al final, Ana rebajó 1500. No volvieron a encargarle nada (la empresa cerró, Ana hizo la traducción divinamente y no tuvo culpa, ¿eh?) y desde entonces Ana sigue la filosofía de “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Y se pasa las promesas de “long term projects”, de “long term collaborators” y de “2 years projects” por el arco del triunfo.

Ejemplo de “LISTO”:

Oferta: Buscamos a profesionales que quieran colaborar con nosotros para añadirlos a nuestra base de revisores y enviarles muuuuchos proyectos. Pagamos 0,03 EUR por palabra revisada.

[Ana está de acuerdo. No le parece mucho dinero, pero tampoco cree que sea demasiado poco, así que manda su CV.]

– Hola Ana, tendrás que hacer una prueba de revisión para nosotros, ¿estás de acuerdo?

– Ajá.

– Estupendo. [La señora le manda a Ana una prueba de revisión de 8 páginas (HELLOOOO???)]

[Esta historia es bastante corta porque Ana abre la prueba de revisión, se da cuenta de que la traducción la ha realizado una máquina o un mono que no sabe español, se da cuenta también de que tendría que volver a traducirlo todo de nuevo y tras valorar pros (?) y contras (!) decide disfrutar del fin de semana, esta vez sin endiñar a la pobre puerta.]

Ejemplo de LISTO QUE DE TAN LISTO QUE ES, ES TONTO:

– Hola Manolita, tenemos una traducción de 40.000 palabras ¿te interesa?

– Sí, ¿para cuándo sería?

– Para pasado mañana.

[Manolita va a casa de Ana a quejarse. Ana se pregunta qué clase de persona encarga 40.000 palabras para pasado mañana. Manolita dice que hará lo que le dé tiempo. La empresa acepta. Todos contentos, aunque queda demostrado que hay gente que no vale para encargar traducciones.]

Bueno, como la parte criticona que hay dentro de mí se ha quedado a gusto, os dejo este vídeo de la película “Mejor Imposible” con el que seguro que muchos de los que trabajáis en casa os sentís identificados:

Lo peor que le puede pasar a un traductor

Este verano he trabajado como nunca en mi vida, como si no hubiera mañana (como si no hubiera “por la tarde” siquiera). Y claro, de vez en cuando, cuando llevaba unas cuantas horitas traduciendo, se me iba el “coco”. ¡Qué le vamos a hacer! Empecé a pensar en qué pasaría si…y elaboré una pequeña lista de lo peor que le puede pasar a un traductor en época de trabajo. Algunas cosas tienen solución y otras no tanto, como todo en esta vida.

Desastre:

– Ordenador roto. Ausencia de copias de seguridad. Informático de vacaciones. Poco tiempo para el deadline.

– Que el cliente no pague, se intenten tomar medidas contra él, pero salga más caro el juicio en su país que el importe de la traducción (True story). Aquí entran en juego las ganas de guerrear de cada uno, el dinero del que se disponga y el “te vas a enterar”.

– Tener un vecino que esté haciendo obras sobre tu cabeza (= un vecino amante de la música a toda leche/cantante de ópera en sus ratos libres). Hace poco descubrí que algunos humanos utilizan cascos de obra para estudiar; podría aplicarse a este caso, aunque son algo llamativos.

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– Que no dé tiempo a terminar la traducción. Esto sí tiene solución: ser previsor, escribir al cliente con tiempo… pero cuando se está metido en esa situación y uno se da cuenta de que le queda una hora para acabar 5000 palabras… DISASTER!

Alerta roja:

– Faltan pocas horas/minutos para el deadline y el internet nos abandona. Si no tenemos localizados sitios con Wi-Fi o están demasiado lejos…¡imaginación al poder! Por ejemplo, con un “vecino, te doy 5 euros si me dejas utilizar tu internet 1 hora” o cualquier cutrez similar.

– Sufrir de “embotamiento”/agotamiento. Cuando mi cerebro no da más de sí, me duele un poco la cabeza y tardo MUCHO más en traducir suelo practicar la power nap a.k.a. siestecilla (20-30 minutos). Creo que la efectividad de la power nap depende de la persona y de lo cansadísimo que se esté, así que si aún no la habéis probado hacedlo un día que dé un poco igual, no el día del deadline 😉

– Traducir una mala traducción cuando el idioma original es totalmente ¿¿¿¿???? para nosotros. Es fundamental una buena comunicación con el project manager y leerse el texto muy requetebien para “jugar a las adivinanzas” de manera menos arriesgada.

– Romperse la mano/el brazo (o cualquier otra cosa) y tener que hacer dictados a una persona o un programa. No sé por qué pero esto es lo que más miedo me da; nunca me he roto ningún hueso, así que debo de estar a puntito.

Alerta amarilla:

– Quedarse sin comida/tinta de impresora. Para mí, imprimir las traducciones es una parte importante a la hora de “rebisar el testo” así que darme cuenta un sábado por la noche o un domingo de que no tengo tinta no me gusta nada de nada (y por eso suelo comprar los cartuchos a pares).

– Tener que utilizar un programa desconocido y disponer de poco tiempo para aprender. Eso también me ha pasado este verano, tuve que aprender a manejar InDesign para una traducción y la verdad es que me las he apañado bien; al principio iba muuuuuy lenta y estuve al borde del llanto en varias ocasiones, pero luego le cogí el tranquillo y me encantó, me parecía cosa de brujería…cuando me toque la primitiva lo compraré (900 € hellooo??).

– Engancharse a la mejor serie de la historia en época de trabajo. Son cosas que pasan cuando la Ley de Murphy rige tu vida, pero lo primero es lo primero y hay que resistirse al “otro capítulo y me acuesto”.

Preocupaciones sin importancia:

– Las lorzas propias de pasar demasiado tiempo sentado.

– Tener el moreno de Iniesta a pesar de estar en agosto y que cada vez que veas a un conocido/amigo/familiar te pregunte si estás enfermo.

– Cometer una falta de ortografía grave en una actualización de Facebook/Twitter/Blog y cía y tener que escribir un comunicado para pedir disculpas a los amigos.

¿Y vosotros? ¿A qué tenéis miedo?

El traductor “perfecto”

Me suele gustar leer blogs de traductores, me hace sentir acompañada, en algunos casos me inspira y muchas veces aprendo cosas nuevas y útiles para la traducción y la vida del autónomo en general.

Sin embargo, empieza a cansarme la imagen del TRADUCTOR, como si por el simple hecho de traducir tuvieses que responder a unas características concretas (la mayoría bastante deprimentes): salir poco de casa, no hacer deporte, viajar siempre que se tiene ocasión (incluso a riesgo de no poder pagar el alquiler ¬¬), leer todo lo que caiga en tus manos (instrucciones de mp3 incluidas), ver películas y criticar su traducción sin parar, tener el cerebro en “modo traducción” las 24 horas, estar al día de todo lo tecnológico, reñir con todo el mundo por las tarifas…En definitiva, que si llego a leer las entradas sobre traducción que he leído antes de empezar la carrera, no me hubiese metido en este berenjenal.

Y luego está la omisión de información; casi nunca se habla de los errores –me refiero a los propios, de los errores ajenos podrían escribirse enciclopedias- ni de las pruebas que no han salido bien, ni de los problemas que se han encontrado en una traducción…En fin, que parece que haya que ser un ente superior para traducir. Es bastante desalentador para todos aquellos que no se consideran “criaturas de la traducción”.

No creo que para ser traductor haya que cumplir unos criterios específicos. Y en cuanto al traductor autónomo que se pasa el día en casa (una servidora)…tiene que hacer lo mismo que cualquier otra persona que trabaje por cuenta propia, y no hace falta ser un genio para descubrirlo, solo hace falta un poco de cacumen:

-¿Tienes que trabajar mucho? Que no se te olvide comer, hijo mío.

-¿Te pasas mucho tiempo sentado? Pues haz deporte porque si no te vas a hacer polvo la espalda; y si tu espalda te da igual piensa en el pandero/barrigón que se te va a poner.

-¿Te sientes deprimido? Es normal, llevas 15 días sin salir de casa. Queda con amigos. Lo primero es la salud, acuérdate de ducharte.

-¿No estás al día de las nuevas tecnologías? Es normal también, trabajas 12 horas al día. Si no tienes tiempo para ir de cañas, evidentemente no tienes tiempo para otros menesteres.

-¿No te pagan lo que quieres? Tienes 2 opciones, negociar y no negociar.

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Y para acabar este artículo, confesaré algunas cosas que espero que no supongan mi suicidio traductoril:

  1. Odio la gramática, no me parece ni “interesante” ni “fascinante” ni nada por el estilo; prefiero aprender “de oído” que estudiando.
  2. Me repatean los “grammar nazis”, parece que haya que darles la enhorabuena por saber diferenciar entre “a ver” y “haber” (o your y you’re). Con tanto cartelito y tanto meme, el que se sigue confundiendo está vacilando al mundo.
  3. Me gusta ver películas ya dobladas, a veces no detecto errores y la mayoría de las veces que los detecto ME CALLO (a no ser que sea algo insoportable).
  4. Me he pasado julio, agosto y parte de septiembre trabajando unas 12 horas al día, de lunes a domingo, en contra de cualquier recomendación. La pela es la pela y yo soy nueva en el mercado. Eso sí, soy consciente de que ese ritmo no se puede mantener mucho tiempo y de que por cuestiones de salud, productividad y dinerito, no conviene hacerlo.
  5. He asumido que antes de ser una traductora rica voy a tener que aguantar mucha tontería. Eso sí, dentro de lo razonable, que seré nueva pero no gilipollas.
  6. Por mucho que me entretenga la traducción, traducir 12 horas al día durante cierto tiempo no me ha gustado NADA. Y no creo que eso signifique que sea “peor” traductora que alguien que disfrute con ello. Desde luego, si no “se te va el coco” después de 7 horas…Bravo.
  7. No solo veo muchas películas dobladas…¡también leo libros traducidos! xD
  8. No creo que la especialización sea lo mío. Me interesan demasiados temas o no me apasiona locamente ninguno, según se quiera mirar.
  9. Intento salir cada día. Y con “salir” me refiero a salir con amigos e ir al bar, no a dar un paseo para despejarme entre traducción y traducción.

Lamento la parrafada, no he podido actualizar el blog hasta ahora. Espero que nadie se haya sentido ofendido por lo que he dicho, ni que nadie crea que no me gusta traducir. Tampoco es mi intención criticar a esos “traductores perfectos”, a los que envidio en ciertos aspectos. La finalidad de este artículo era desahogarme y decir que cada traductor es un mundo porque ser traductor no implica nada, igual que no lo implica ser médico, abogado, peluquero o publicista.

No penséis que sois “traductores de segunda” porque no cumplís una serie de requisitos. Sería una pena.

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Vídeo

El francés no es complicado

ATENCIÓN: este post no es nada serio.

Hace unas semanas una amiga francesa me enseñó este vídeo. Aparte de gracioso, me pareció muy interesante porque es verdad verdadera. Y es que si hay algo que no te puedes quitar de la boca cuando vas a Francia es el “putain” (a no ser que no seas de decir palabrotas). Tiene un no sé qué que suena hasta bonito y sale muy natural.

Llevo un tiempo pensando cuál sería su equivalente en español y no lo tengo muy claro, puede que varíe según en qué parte de España nos encontremos. No lo sé. ¿Se os ocurre algo?

Buen jueves 🙂