La Ley de Murphy tiene sus concesiones

El 14 de febrero de este año me quedé sin mi trabajo como traductora de hoteles (sí, hay gente a quien San Valentín le importa menos que a mí). Desde entonces me he tomado un tiempo de descanso porque durante un año estuve trabajando de lunes a domingo (con algunas excepciones) con la única motivación de ganar más perrillas y, claro, estaba bastante cansada-harta *.

Todavía no me he puesto a buscar trabajo “en serio” porque llevo unas semanas bastante ocupada con el máster ya que el módulo de este mes es un tocho de más de 200 páginas que trata principalmente de los problemas ortográficos del español, que es un tema que no me apasiona. Por supuesto, he echado algún currículum y he contestado a algunas ofertas de trabajo, aunque la verdad es que parece que todas las empresas solo busquen al traductor más barato.

Pues bien, hoy me he levantado griposa perdida con la sensación de “oh, Señor llévame pronto, acaba con este sufrimiento”. Me he tumbado en el sofá y he visto 2 películas seguidas (El club de la lucha y Sabrina y sus amores…lo sé, no tienen mucho que ver una con otra). Bueno, pues a eso de las 8 de la tarde me ha llegado una prueba de traducción para una ONG que, claro, no me va a pagar pero siempre es algo bueno para el CV y se siente uno bien por ayudar.

Menos mal que me dan hasta el 11 de marzo y es solo una carilla, que si no…porque yo no sé vosotros pero yo cuando estoy mala, pienso poco y mal.

PD: por supuesto, llevaba más de un año sin ponerme enferma, lo que me hace pensar que todo sea psicológico. Si el cerebro le dice al cuerpo: como te pongas malo, no hay jornal, pues el cuerpo aguanta, pero como ahora puedo estar mala todo el tiempo que quiera…¡ZAS!

*Haciendo esta entrada me he dado cuenta de que ni el DRAE ni el María Moliner recogen la palabra “hastiado”.

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