Caso real: malentendidos

Cuando tenía unos 12 años me enfadé muchísimo con mi tío por preguntarme por la salud de mi padre. Yo estaba con mi hermano pequeño esperando el autobús y él me preguntó por qué no estaba mi padre con nosotros. Mi tío es médico y esto fue lo que ocurrió (más o menos):

– Hola, Ana. ¿Qué hacéis aquí los dos solos?

– Nada, que mi padre está malo y hemos venido sin él.

– Vaya, hombre. ¿Y qué le pasa?

– Nada, solo que está malo.

– Pero ¿tiene gripe?

– Yo qué sé.

– ¿Y fiebre?

– Sí, eso sí.

– ¿Y tose?

– A veces.

– ¿Y esputa?

– ¿Quéééé?

– Que si esputa.

No comprendí el significado de la conversación hasta varios años después y no sé si llegué a chivarme a mi padre. Espero que no.

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