Caso real: vivir con el enemigo

Oh sí, muchos sabréis de qué hablo.

Ese padre que llega a las 9 de la noche y te dice:

-Niña, ¿has visto el correíto que te he mandado?

-Qué va, llevo liada todo el día.

-Nada, es una tontería, una carilla que me tienes que traducir.

-Pero papá, justo iba a salir ahora…

-Bah, ¡pero si solo es una carilla! Eso lo haces tú en un momentito.

-¿Te corre mucha prisa o qué?

-Hombre…si me lo tuvieses listo para mañana sería perfecto.

-Bueeeeno…[carilla con un 90% de texto incomprensible sobre un tema totalmente desconocido]

Y en ese momento en el que tu padre/madre/abuela/tío/primo/amigo del alma te entrega esa cosa que va a tenerte pegado a la silla más de una hora tienes tres opciones:

a) Decir que no y sentirte como el súper villano más cruel del mundo (porque estoy hablando de gente querida, no de “coleguitas” que se acuerdan de ti cuando les conviene) .

b) Decir que sí y sentirte la persona más tonta del mundo por acabar aceptando trabajos no remunerados a horas apestosas de la tarde/noche.

c) Mudarte rápidamente y fingir que no eres autónomo/a sino una persona con horarios fijos que tiene un trabajo de esos a los que hay que IR.

papayyo

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10 comentarios en “Caso real: vivir con el enemigo

  1. María dijo:

    Yo normalmente me siento “la persona más tonta del mundo por acabar aceptando trabajos no remunerados a horas apestosas de la tarde/noche”. Jajajaj me rio para no llorar… 😦

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